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jueves, 7 de mayo de 2009

Cosas prestadas

Fragmentos del libro "La invención de la soledad" de Paul Auster



En esa habitación
no había lugar
par un hombre
que no tuviera
conciencia
de su propia
ridiculez
Paul Auster




Tal vez la mejor manera
de conquistar el tiempo
y el mundo
sea pasar y no dejar huella...
Pasar sin dejar una sombra
en las paredes
Marina Tsvietáieva



La imagen de un hombre
tiene ojos,
mientras que la luna
tiene luz
La vida es muerte,
y la muerte es una clase de vida.
Holderlin

Es imposible tener causas fundadas
para no creer en los milagros.
Pascal en sus Pensees


El verdadero profetas sabe,
el falso profeta adivina...
sobre el libro de Jonas


Algun desdichado exlamara:
ninguna mentira brotó de su boca,
los gritos de aquel pájaro
de mal aguero
decían la verdad..
Monologo de los desvaríos de Casandra / Licofron (año 300 a. C.).



-----
Zarpa -
navega
río,
tu vida que
pasa, que fluye
-----
No - No
dejaré
la nada
padre - siento
que la nada
me invade...
Parte de los fragmentos que Mallarmé
escribió junto al lecho de muerte de su hijo Anatole.




... no eran tanto una búsqueda de la verdad sino una búsqueda del mundo que aparece en el lenguaje. El lenguaje no es equivalente a la vedad; es nuestro modo de existir en el mundo. Jugar con las palabras es examinar la forma en que funciona la mente, el reflejo de una partícula del mundo tal como la percibe la mente. Del mismo modo, el mundo no es simplemente la suma de cosas que existen en él, la red infinitamente compleja en que estas cosas se conectan entre sí. Como en los significados de las palabras, los objetos cobran significado sólo en su relación con otros objetos. "Dos caras son parecidas - escribe Pascal -. y aunque ninguna de las dos sea graciosa por sí misma, su similitud nos hace reír" Las caras riman a los ojos, así como las palabras riman al oido.
Paul Auster

Estos son los límites
del mundo conocido.
Escucha;
cuando oye algo,
comienza a escuchar otra vez,
luego espera,
observa y espera.
Y cuando comienza a ver algo,
observa y espera otra vez.
Estos son los límites
del mundo conocido...
Paul Auster

viernes, 6 de febrero de 2009

Casada con Buda - Wei Hui



En la cuarta ocación en que fui a ver al anciano Maestro, me dijo algo de una gran trascendencia para mí: "Toda forma de sufrimiento en el mundo deriva de la ignorancia. Para liberarse de la ignorancia, uno debe desarrollar la verdadera visión, meditación y accción, y la compasión es el mero crecimiento de la visión, la meditación y la acción verdadera. Muéstrate compasivo con el prójimo, y muéstrate compasivo contigo mismo, pues una persona que no sabe quererse a sí misma no puede saber como querer a los demás.
El significado de este tipo de este tipo de "amor" no es el significado común del término. Se trata del amor generado por la sabiduría que procede de una mente abierta. Para obtener sabiduría, uno debe incluso querer o amar aquellas cosas de si mismo que se consideran defectos, como la ira, el miedo, los celos, las obsesiones y otras emociones negativas. Según la doctrina budista tradicional, estas emociones negativoas, así como aquellas otras emociones positivas (el valor, la delicadeza, la tolerancia, etc.) son partes innatas de las personas; ambos tipos de emociones son indispensables en el todo.
Digamos que las emociones positivas como el amor son flores de un jardín; y las negativas son los desperdicios de dicho jardín. Debemos transformar esa basura en fertilizante que abone las preciosas flores.
Hay gente que cree que sus virtudes no tienen otro fin que el de luchar contra sus defectos, y derrotar así las emociones negativas y expulsarlas de sus mentes y sus corazones. Pero ese es un error. El sufrimiento y la desgracia no son malos. Constituyen una parte orgánica de la vida. Lo que debemos hacer es transformarlos y beneficiarnos de ellos."

domingo, 11 de enero de 2009

Virginia Woolf



Las olas (fragmento)

" El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "

lunes, 29 de diciembre de 2008

Arthur Rimbaud


Arthur Rimbaud

Poeta francés nacido en Charleville en 1854.
Mostró desde pequeño un gran talento para la literatura. Muy joven
se trasladó a Paris donde trabó amistad con importantes poetas de la época, especialmente con Paul Verlaine con quien sostuvo una tormentosa relación amorosa que terminó dos años después a raíz de serias disputas entre ambos. De esta época datan las primeras publicaciones "El barco borracho" en 1871 y "Una temporada en el infierno" en 1873.
Su obra, de marcado tono simbolista, está profundamente influida por Baudelaire, por su interés en el ocultismo, en la religión y en la exploración sobre el subconsciente individual.
La vida licenciosa lo obligó a dejar por algún tiempo la poesía, viajó por Europa, se dedicó al comercio en el Norte de África y a su regreso a Paris en 1891 ya había sido publicada su obra "Iluminaciones" en 1886. Falleció en noviembre de 1891. ©



¡LA HEMOS VUELTO A HALLAR!

¡La hemos vuelto a hallar!
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según..

Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.

Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.

¡La hemos vuelto a hallar!
-¿Qué?- -La Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Versión de Umberto Toso



EL BAILE DE LOS AHORCADOS

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.


jueves, 25 de diciembre de 2008

Del país de nunca jamás





TRATEN DE DESPERTAR

Traten de despertar
y acompáñennos
campanas que han olvidado su sed de espacio,
arco iris en dónde quería vivir una niña,
tardes que pasábamos en el tejado de zinc
leyendo a Salgari y a Julio Verne,
tardes como las sandías que poníamos a enfriar en el río,
como los pies desnudos de los niños que caminaban por los rieles del desvío del aserradero,
como el beso de la muchacha en la penumbra de la bodega triguera.
Acompáñennos,
rechinar de las mariposas de hierro,
veletas quejumbrosas,
cielo de la hora de la novena
tan cercano que pronunciar un nombre podría romperlo,
cielo en donde se hundían las palomas cansadas de la iglesia.

Acompáñennos
a nosotros que hemos visto el sol
transformarse en un girasol negro.
A nosotros que hemos sido convertidos
en hermanos de las máscaras muertas
y de las lámparas que nada iluminan
y sólo congregan sombras.
A nosotros
los desterrados en un lugar en donde nadie conoce el nombre de los árboles,
donde vemos todo próximo amor
como una próxima derrota,
toda mañana como una carta que nunca abriremos.

Acompáñennos,
porque aunque los días de la ciudad
sean espejos que sólo pueden reflejar
nuestros rostros destruidos,
porque aunque confiamos nuestras palabras
a quienes decían amarnos
sin saber que sólo los niños y los gatos
podrían comprendernos,
sin saber que sólo los pájaros y los girasoles
no nos traicionarían nunca,
aún escuchamos el llamado de los rieles
que zumban en el medio día del verano en que abandonamos la aldea,
y en sueños nos reunimos para caminar
hacia el País de Nunca Jamás
por senderos retorcidos iluminados
sólo por las candelillas y los ojos encandilados de las liebres.



Jorge Teillier

De Poemas del país de nunca jamás, 1963.

lunes, 13 de octubre de 2008

Espejismo (extracto)





Hernan Rivera Letelier, Mi nombre es Malarrosa, capitulo V

"El espejismo se abre: es una rosa creada de pura reverberación, del puro vapor de la arena ardiente, de la pura imaginación de la piedra; irrealidad pura, puro sueño de piedra convertida en rosa incorpórea, volátil, traslúcida como las alas de una libélula. Asi es un espejismo en el desierto, tan irreal que sólo existe en la pupila del que lo mira, del que cansado y sediento otea el horizonte como husmeando el mar, como olfateándolo con la vista, y en vez de aroma marino sólo ve formarse ante él un espejismo, una ilusión que va ampliandose, dilatándose, como inflada por un soplador de vidrio.
Asi se originan los espejismos: por la gracia de mirar. Porque un espejismo no existe si no se le mira, como Dios no existe si no se le piensa. Asi nace el espejismo y así muere, se desvanece, se evapora, como el reflejo en la retina del que miro y vi una rosa tenue, ingrávida, etérea, tan irreal como el eco de la imaginación.