miércoles, 28 de enero de 2009

El juego del Go

Fue a principios de 1974 cuando Juan Carlos Carrillo escuchó por primera vez del llamado Plan Zeta. Un militar de un cuartel de Llay Llay se lo explicó. Se trata de esto y de esto otro, le dijo. “Ah, pero qué terrible”, exclamó Carrillo todo incauto. Luego de un breve silencio, agregó: “¿Y?”.

Fue el comienzo de su martirio.

Lo acusaron de ser el cabecilla del tan mentado plan en la región, de fraguar asesinatos en serie, de inducir al caos y al desorden. En resumidas cuentas, de prepararle la bienvenida al inmisericorde yugo marxista. Asegura que no lo mataron porque tenía cara de niño y porque su hermana conocía a varios carabineros. Pero estuvo un año y medio con arresto vigilado: iba del colegio, del cual era profesor, a la casa; de la casa a la cárcel, cuando correspondía; o de la cárcel a la plaza. No podía salir de ese cuadrante. Y siempre con un uniformado siguiéndole los pasos.

“En ese tiempo fue cuando conocí al Go”, dice Carrillo, que dicho sea de paso nada tiene que ver con los Carrillo que internaron las armas por Carrizal Bajo a mediados de los 80. “Qué curioso que lo haya conocido gracias a Pinochet”, agrega, sarcástico, pero sin rencor en el rostro.

Cierta mañana, en una de sus controladas visitas a la plaza, conoció a un señor que transportaba una tabla en cuya superficie había dibujadas líneas verticales y horizontales. Portaba una gran cantidad de fichas blancas y negras.

El personaje, que resultó ser un peruano residente y que respondía al nombre de Ernesto Amador, se sentó y comenzó a colocar las fichas en las intersecciones del tablero. Con el tiempo, supo que se trataba de un juego de estrategia, parecido al ajedrez, pero más complejo aún. Más tarde supuso, también, que era una alegoría a una batalla bélica, pero sólo de soldados rasos. Ahora piensa que es una filosofía de vida, el universo representado en un tablero. “Una forma de entender el cosmos”, explica mientras sonríe apaciblemente asintiendo sumiso y cordial. Como si nunca hubiese pasado por los tormentos que de seguro sufrió hace ya 30 años.

Algo de esa tranquilidad, asegura, se la debe al Go.

DAR PARA RECIBIR

El Go es un juego de estrategia en donde se lucha por un territorio. Por el espacio. Comienza sin piezas en un tablero de 19 líneas verticales y 19 horizontales. La idea es ir poniendo las fichas, ‘piedras’ para los ‘goístas’, de tal manera de anular los intentos del contrincante por conquistar el campo de batalla.


Sus reglas son bastante simples. Cada piedra en un tablero tiene cuatro lugares por donde “respirar”. El objetivo es ocupar dichos espacios por piezas propias y expandir los dominios o campos de influencia inmovilizando al contrario, tapándole los “pulmones” a sus piezas.

Un partido puede durar entre 20 minutos hasta 16 horas, dependiendo de la modalidad que se use. Por tratarse de un tablero delimitado, se asegura que el número de jugadas posibles es finito, aunque en la práctica no sea así. Como se comienza sin piezas, la libertad es angustiosa. Existen 361 (19x19) posibilidades de jugar en el primer movimiento. Luego, su contrincante tiene 360, y así sucesivamente. En las primeras tres jugadas se disponen de más de 46 millones de opciones. Un partido parejo puede tener entre 250 y 300 jugadas, lo que acerca las posibilidades a 361 factorial, siendo que las calculadoras científicas se saturan en el 69 factorial.

Hay estudiosos que afirman que esto no es tan cierto porque ocurren simetrías, cadenas, figuras preestablecidas, secuencias que, en definitiva, reducen las posibilidades de juego, de la misma manera que en ajedrez existen teorías de aperturas, medio juego y final. Sin embargo, las posibilidades son más que suficientes para hacer del Go el juego de tablero más complejo que existe. Y el más antiguo.

Se cree que el Go nació hace unos 4 mil 200 años en el sur de China. Su nombre original fue we-chi, que significa algo así como ‘piedra rodeada’. Luego fue llevada a Corea donde se le conoció como Patok o Badok, mientras que en el siglo VII apareció en Japón donde se le conoció como I-Go o simplemente Go. Hay varias teorías sobre su origen.

Cuenta la leyenda que hace aproximadamente cinco mil años, el emperador chino Yao creó este juego para desarrollar la inteligencia de su hijo y sucesor al trono, Dan-Zhu, considerado por todos como un síncope incapaz, siquiera, de gobernarse a sí mismo.

Otra versión indica que, dada la sincronización del Go con el Ying y el Yang, las tradiciones del Tao y el I-Ching, en un inicio fue una especie de oráculo donde se representaban el cielo y la tierra, los días del año y las estaciones. El historiador chino Ban Gu (32-92 a.C.) en su libro Yi-Zhi, o “La esencia del Go”, escribe: “El tablero debe ser rectangular y representa las leyes de la tierra. Las líneas deben ser rectas como las virtudes divinas. Hay piedras blancas y negras como el ying y el yang. Y su disposición en el tablero es como un modelo de los cielos”.

Una tercera versión dice que fue una manera de preparar a los soldados para la guerra, al punto que los generales chinos eran elegidos de acuerdo a su desempeño en el juego. De hecho, Sun-Tse escribió “El arte de la guerra” en el siglo V a.C. basándose exclusivamente en las estrategias aplicadas al Go. En Japón, en tanto, los samurai y monjes tenían obligación de jugarlo.

Y una última teoría dice que en China nació el ajedrez y el Go, de manera simultánea, pero que en la India fructificó el primero por la existencia de las castas, que diferencian a los individuos de manera tan irremediablemente desigual como lo sería un peón en comparación con una dama. En China, en Japón y en Corea, en cambio, prosperó el Go donde todas las piedras valen lo mismo y en donde “se sabe” que la unión hace la fuerza.

“En este juego, para ganar hay que ceder. Uno no puede aspirar a ganarlo todo en la vida, tiene que necesariamente entregar algo. Hay que aprender a dar para recibir. Este no es un juego con ímpetu de muerte. Aquí no se mata como en el ajedrez, aquí se capturan soldados y después se devuelven al enemigo”, explica Carrillo.

El resto de las directrices estratégicas del Go también son perfectamente aplicables a la vida: “No defiendas lo indefendible”, “obtén el máximo de provecho en cada jugada”, “nunca jugar sin una estrategia”, “contrólate a ti mismo antes de controlar el tablero”, “la iniciativa es la mitad de la ganancia”, “divide al enemigo, no dejes que se reagrupe”, etcétera.

Más tarde, en los albores del siglo XIX, el Go penetró en Europa. Dada su complejidad, no resulta curioso que sus primeras “víctimas” de Occidente hayan sido representantes de las ciencias exactas. Varios estudiosos han descubierto aspectos paralelos entre el Go y partes de las matemáticas modernas, como la teoría de grafos y la de reconocimiento de caracteres.

EL SENSEI

En comparación con tantos siglos de antecedentes, el Go en Chile es extremadamente reciente. Los seguidores nacionales, que no superan los 60 repartidos entre Santiago, Valparaíso y Temuco, principalmente, dicen que el momento clave para la llegada del juego ocurrió hace unos 40 años. Por aquel entonces un ingeniero japonés de nombre Jiro Maeda, partía con otros 29 profesionales a bordo de un barco que recalaría en sendas ciudades del continente americano. Correspondía a un plan nipón que consistía en repartir profesionales del área industrial para compartir conocimientos con los países del nuevo continente.

Resulta curioso que la nomenclatura del Go sea casi idéntica a la de las artes marciales. Cuando se considera que un jugador ha llegado a un nivel profesional es porque ha entrado a la categoría de dan. De ahí en adelante puede seguir ascendiendo en el escalafón hasta llegar al noveno dan, que le pertenece al número uno del mundo. La capacidad del jugador se mide en Kyu. Se calcula que un jugador de un dan tiene un Kyu de 35.


UN RETO MILLONARIO

Una de las tantas virtudes del Go y que ha hecho que su ejercicio sea cada vez más popular en el mundo, es hasta ahora su total invulnerabilidad de los ordenadores computacionales. Ya se ha comprobado que el ajedrez ya está casi completamente domado, sobre todo desde la famosa victoria de Deep Blue de IBM sobre el ruso Garry Kasparov. Pero con el Go la cosa no se ve nada de fácil.

Una empresa de softwares taiwanesa, la Ing chang-Ki, ha ofrecido un premio de diez millones de dólares para el primer programa que venza a un jugador de go profesional, pero también ofrece premios por logros más modestos. Ninguno de los retos ha sido medianamente cumplido.


EL CAMPEONATO MÁS TRISTE DE LA HISTORIA

El título de campeón mundial de Go se denomina Honinbo, cuyo poseedor de inmediato adquiere un dan de nueve. Uno de ellos se llamaba Iwamoto Kaouru, quien a mediados de 1970 visitó Buenos Aires. En aquella ocasión Kaouru relató la manera de cómo había obtenido el título.

A principios de 1945 había ganado las series eliminatorias obteniendo el derecho a desafiar al Honinbo de entonces, Hushimoto Otaro, a un match de siete partidas. La primera de ellas fue disputada en la ciudad de Hiroshima en julio de aquel año y el triunfo fue de Hashimoto. El segundo debía realizarse en la misma ciudad, pero debido a los bombardeos, se decidió llevarla a cabo en los alrededores. El día elegido fue el 6 de agosto.

Sobre el tablero había 116 fichas puestas cuando se escuchó una explosión que cambiaría el curso de la historia de manera dramática. Iwamoto y Hashimoto vieron cómo, a lo lejos, una escalofriante nube en forma de hongo se erguía por los cielos. En menos de un minuto, 200 mil personas habían encontrado la muerte en Hiroshima. Sólo al año siguiente se continuó la partida. El triunfo le perteneció a Iwamoto.

1 comentario:

David Nicolalde dijo...

Hola, muchas gracias por el comentario enviado hace tiempo; sucede que en varias semanas no había podido revisar mi blog.
Efectivamente, acá tampoco es fácil salir adelante con esta profesión, hay que ingeniárselas de muchas maneras; hace tres años junto con un par de amigos que estudiaban periodismo decidimos crear una revista de caricatura e historieta que bautizamos CARICATO, afortunadamente esa ha sido una gran tabla de salvación pues en el último año ya tuvimos nuestros primeros réditos (luego de muchas perdidas) y ahora por fin estamos con algo más seguro. Acá en nuestro país a eso le llamamos ÑEKE, algo que necesitamos todos los días para seguir adelante. Te felicito por tu buen gusto para el arte y el buen cine. Trataré de visitarte más seguido (pd. en tu ultimo post no pude ingresar comentario).

Visitanos cuando puedas al blog http://revistacaricato.blogspot.com el blog de nuestra revista.